Este mural, integrado magistralmente en el entorno del Barrio Nuevo, representa el momento culminante del nissu-in o ceremonia nupcial. Bajo un dosel que simboliza el nuevo hogar, asistimos a un contrato de vida que definía el estatus social y la continuidad del linaje en la comunidad judía darocense.
La ceremonia se celebraba bajo un palio o dosel, símbolo del tálamo nupcial. Durante el rito, el contrayente entregaba un anillo a su prometida bajo una fórmula sagrada: “Quedas consagrada a mí por este anillo, según la ley de Moisés e Israel“.
Un elemento fundamental era la lectura de la Ketubbah:
Para los judíos aragoneses, el matrimonio era el estado civil perfecto, pero se entendía más como un contrato que como un sacramento:
El mural también nos invita a reflexionar sobre las estrictas normas sociales de la época:
El proceso matrimonial duraba al menos un año. Primero se celebraba el erusin (compromiso y acuerdo de la dote entre familias) y, tras doce meses de espera, tenía lugar la boda definitiva. Una semana antes de la ceremonia, el barrio se llenaba de música, cánticos y banquetes para celebrar la futura unión.
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